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DOP Vino de Pago Finca Río Negro
Tempranillo · Cabernet Sauvignon
14,6% Vol. Alcohol | 750ml
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El vino Finca Río Negro 5.º Año representa la cúspide del tiempo, la paciencia y la selección en un terruño de alta montaña único. Elaborado en Cogolludo, a casi mil metros de altitud, este vino de colección solo ve la luz en aquellas barricas donde el ensamblaje de Tempranillo y Cabernet Sauvignon alcanza una armonía sublime. Honrando a su nombre, este exclusivo Vino de Pago se somete a un minucioso proceso de envejecimiento que suma cinco años entre una sabia crianza en barricas de roble francés y un prolongado descanso en botella. El resultado es un vino maduro, aristocrático y profundo, diseñado para quienes buscan la máxima expresión de complejidad, longevidad y elegancia en el mundo del vino tinto.
En la copa luce un color rojo cereza picota muy intenso y cubierto, con un ribete texturado donde los reflejos teja y granates delatan su majestuosa y paciente evolución en botella. En nariz se despliega con un refinamiento extraordinario, ofreciendo una sinfonía de aromas evolucionados de gran profundidad. Inicialmente sorprenden las notas de fruta negra muy madura en compota, como las ciruelas y los higos secos, que rápidamente se entrelazan con recuerdos de tabaco de pipa, cuero noble, madera de cedro y cachemir. A medida que se oxigena, aparecen pinceladas de especias exóticas como la nuez moscada y el clavo, junto con un fondo mineral que evoca la tierra húmeda y sutiles toques de chocolate negro puro. En boca la entrada es señorial, rotunda y suntuosa. El paso por el paladar es puro terciopelo; los taninos, perfectamente pulidos y maduros por el paso del tiempo, están completamente fundidos en una textura sedosa que esconde una estructura imponente. Sorprende que, a pesar de su larga crianza, mantiene viva la acidez crujiente de alta montaña característica de la finca, aportando frescura, equilibrio y una finura infinita. Los sabores balsámicos, de tostados nobles y fruta sazonada se prolongan de forma casi eterna. El final es de una persistencia y distinción memorables, dejando un posgusto ahumado y especiado de gran clase.
Un vino de esta envergadura exige una carne de gran personalidad. La textura firme y magra del ciervo liga a la perfección con los taninos sedosos del 5.º Año. El toque mineral y de tierra húmeda del vino hace un espejo absoluto con la trufa negra, mientras que las endrinas aportan una sutil acidez que conecta con la frescor de alta montaña.
Un maridaje de alta cocina increíblemente cautivador. La grasa noble del pato se funde ante la estructura de la Cabernet y la Tempranillo. Las notas de crianza del vino, que evocan el café y el cacao puro, se potencian de manera espectacular con los elementos de la salsa, creando una armonía profunda y de gran persistencia.
La textura quebradiza y los cristales de tirosina de un parmesano de más de 36 meses necesitan un vino complejo y terciopelado. Los sabores salinos y Umami del queso se equilibran con la madurez del vino, mientras que el toque balsámico del aceto encuentra su eco perfecto en el fondo noble de este gran tinto.
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