En nuestra tierra vivimos rodeados de una gran riqueza de costumbres. Aquí, cada época del año tiene su propio ritual gastronómico. De hecho, como si se tratara de las Cuatro Estaciones de Vivaldi, cada momento se identifica con un aroma claro. Por este motivo, estos olores nos evocan recuerdos entrañables y momentos compartidos.
Por un lado, el invierno nos abraza con el aroma de la canela y el anís estrellado. Por otro lado, la primavera llega con la dulzura del azúcar, los buñuelos, las rosquillas y los pestiños. Asimismo, el otoño nos reconforta con el olor a castaña tostada, panellets y moscatel. Pero, si hablamos del verano, el paisaje aromático se transforma por completo, convirtiéndose en una sinfonía de tomillo, menta, luisa y anís.

Es precisamente a las puertas de esta estación cálida cuando revivimos uno de los momentos más mágicos del año. Porque, si cierras los ojos, seguro que recuerdas aquellas mañanas de infancia. En concreto, recuerdas ir de la mano de tu abuela, muy temprano, por los márgenes de los caminos la mañana de San Juan. Ella poseía una sabiduría silenciosa; por lo tanto, sabía perfectamente qué hoja tocar y qué flor elegir. También conocía el momento exacto de la nuez verde, cuando el fruto estaba en su punto idóneo para elaborar nuestra querida ratafía de San Juan.
En resumen, este ritual ancestral servía para embotellar la esencia del verano. Igualmente, era clave para elaborar el tesoro más preciado de nuestras sobremesas. Sin duda, es un licor casero que conecta generaciones y que actualmente forma parte de la historia viva de nuestro país.
La magia del solsticio y las hierbas de la ratafía de San Juan
La sinfonía de hierbas aromáticas del verano llega a su punto álgid con la ratafía de San Juan. Ciertamente, este arte está profundamente ligado a la tierra y al solsticio de junio. Según la tradición, las hierbas, flores y raíces se deben recolectar la misma noche o la mañana del 24 de junio. La creencia popular lo dicta así porque es el momento de mayor esplendor de las plantas, cuando están cargadas de las propiedades más mágicas y curativas de todo el año.
Como ya sabemos, el ingrediente rey de esta mañana es la nuez verde. Especialmente a finales de junio, la nuez tiene la consistencia perfecta, pues está tierna por dentro, es fácil de cortar y está llena de savia. Al lado de las nueces, cada abuela custodia su lista de «las 40 hierbas», un secreto familiar que pasa de generación en generación.

Con todo, la magia no terminaba en el bosque. De hecho, después de la recolecta, venía el turno de los nietos. Todos nos reuníamos alrededor de la mesa de la cocina. A continuación, bajo la mirada atenta de la abuela, introducíamos las hierbas y las flores dentro de la garrafa de vidrio, que ya estaba llena de aguardiente. De esta manera, cada hoja de luisa o trozo de canela se convertía en una lección silenciosa de raíces y de paciencia.
Una vez que la garrafa estaba llena de aquel aroma a verano, comenzaba la cuenta atrás. Por lo tanto, tocaba dejarla cuarenta días a «sol y serena». Allí se quedaba, en la terraza o en el balcón. Así, se impregnaba de la fuerza del sol de julio y del silencio de las noches estrelladas, convirtiéndose finalmente en un tesoro oscuro que yo vigilaba en secreto con los ojos bien abiertos cada vez que asomaba la cabeza por casa de la abuela.
Cataluña en una botella: la riqueza botánica de nuestro territorio
Por esta razón, en Wonderful Wines nos apasionan las historias líquidas. Y es que nuestro país es como un pequeño continente en miniatura. En efecto, en muy pocos kilómetros pasamos de la alta montaña pirenaica a las llanuras de secano y a la costa mediterránea. Como resultado, esta increíble variedad geográfica nos regala una diversidad de botánicos única en el mundo.
Precisamente por eso, cada ratafía es un reflejo fiel del paisaje donde nace. Por ejemplo, las hierbas que crecen cerca del mar aportan matices completamente diferentes a las del interior. Así pues, en nuestra bodega digital queremos celebrar esta riqueza de Cataluña. Por este motivo, hemos seleccionado diferentes estilos para que puedas catar esta gran variedad:
Ratafías de perfil clásico y montañés
Este estilo se mantiene fiel a las recetas tradicionales de las zonas interiores y de montaña, donde predomina el carácter intenso de la nuez verde bien marcada sobre un fondo profundo de hierbas medicinales de bosque, entre las que destacan la hierba luisa, el romero y las flores silvestres más puras.
Como recomendación imprescindible destaca la mítica Ratafia Russet, un auténtico referente de la Garrotxa que sobresale por su equilibrio perfecto y por mantener viva la fórmula familiar. En boca se muestra como un licor muy agradable y meloso, ofreciendo una dulzura muy bien integrada con el punto amargo de las nueces.
Su aroma desprende una fragancia intensa a nuez moscada, canela y plantas silvestres, despidiéndose con un posgusto largo y muy reconfortante. Es ideal para quienes buscan el sabor de siempre en la sobremesa, resultando perfecta para acompañar unos carquinyolis tradicionales o la clásica coca de San Juan.
Ratafías de Autor y Reserva (Envejecidas en barrica)
Aquí la riqueza del paisaje se fusiona con la paciencia de la bodega a través de licores seleccionados que pasan por un proceso de crianza en barricas de roble. De este modo, el paso por madera suaviza el alcohol del aguardiente y aporta notas tostadas de vainilla y frutos secos maduros, alcanzando una elegancia extraordinaria.
Para este perfil más noble recomendamos la Ratafia Bosch Reserva. Elaborada en Sant Quirze de Besora, pasa una larga crianza en madera que la hace única, exhibiendo un hermoso color ámbar oscuro y brillante. En nariz es un espectáculo de notas de madera, frutos secos tostados y un sutil toque de vainilla.
Asimismo, en boca se muestra terciopelada, redonda y muy elegante, poseyendo una calidez reconfortante que recuerda a los grandes brandis. Es ideal para disfrutar sola y en una copa pausada, perfecta para cerrar una buena comida festiva, apreciar su evolución o para hacer un gran regalo gastronómico.
Ratafías modernas, cítricas y de secano
Una evolución que busca el equilibrio reduciendo un punto el dulzor tradicional. Por el contrario, estas opciones potencian el lado más fresco al apostar por botánicos más cítricos, balsámicos y hierbas silvestres de zonas soleadas, dando como resultado licores notablemente más ligeros en boca.
En esta categoría vanguardista hemos elegido la Ratafia Mina de Magnòlia, una joya nacida en Bellmunt del Priorat que destaca por el toque floral exclusivo de la flor de magnolia, aportando una finura extraordinaria que cautiva desde el primer momento por su aroma sutil y fresco.
En su perfil se mezclan notas cítricas con el fondo clásico de la nuez verde, ofreciendo un paso por boca muy fino, ligero y menos empalagoso que las tradicionales, con una textura sedosa que invita a seguir disfrutando. Es ideal para quienes quieren experimentar con nuevas tendencias, siendo perfecta para tomar con hielo, usar en coctelería o maridar con xocolata amarga.
Cremas de ratafía (Suavidad y golosina)
En esta tipología, el carácter intenso del aguardiente y las hierbas se suaviza gracias a la unión de la receta con productos lácteos. Como resultado, obtenemos una bebida mucho más cremosa, con una graduación alcohólica más baja y una textura aterciopelada y golosa.
Para este momento dulce no puede faltar la Crema de Ratafia Núria de Bosch, un producto excepcional donde la tradición de Osona se transforma en pura seducción. Visualmente destaca por su color café con leche suave y en nariz ofrece notas dulces donde se mezcla la ratafia tradicional con recuerdos de toffee, cacao y vainilla.
En boca se muestra increíblemente untuosa, dulce, cremosa y muy fácil de beber. Es ideal para los paladares más golosos, resultando espectacular para tomar bien fría o con hielo después de una gran comida, así como para acompañar un buen helado de vainilla o enriquecer la sobremesa.
Esta verbena, que no falte nuestro licor más tradicional
En conclusión, este año tenemos una cita con la tradición. Cuando se encienda la hoguera, comas la coca y sientas los petardos, conecta con esta costumbre milenaria. Te animamos a incorporar la ratafía a nuestras sobremesas; sin duda, es el momento ideal para disfrutarla como si fuera un gran vino de postre, redescubriendo nuestro licor más auténtico.
Además, te queremos lanzar un bonito reto para este solsticio de verano: ¿por qué no pruebas a hacer tu propia receta de ratafía en casa? Solo necesitas una garrafa de vidrio, un buen aguardiente y ganas de pasear por los caminos buscando las hierbas. Es una experiencia preciosa para compartir con los tuyos y, al fin y al cabo, estarás creando un legado que pasará de generación en generación.
Para terminar, te invitamos a explorar nuestra colección en Wonderful Wines. ¡Elige tu botella ideal y mantengamos viva la llama de nuestra cultura!
¡Muy buena verbena de San Juan!





Deja una respuesta